MÁTAME SUAVEMENTE

KILL YOUR DARLINGS, POR SUS PARTICIPANTES


Salí viva del taller, aunque maté unas cuantas fantasías. Nadie te dice, como escritor amateur, que para oler tu libro impreso, tienes que oler primero sangre.  Y KYD, de alguna extraña forma, es una curita tranquilizante, que con diagramas y marcadores de colores fluorescentes (very 80s) te dice: se puede, hay un método (el que usa Fonseca), cuatro drafts, círculos para construir personajes, una estructura para mantener la tensión del lector, en fin, lo que cualquiera que quiera escribir debería saber. Ideas, que hablan del proceso, no del resultado. Fórmula bendita para matar la ansiedad, el temor a fracasar y ponerse a trabajar.

 [ CATALINA LOBO-GUERRERO - REVISTA SEMANA - COLOMBIA/VENEZUELA ]

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Como escritor, matar tus textos genera ansiedad, KYD genera eso y más. Es una gran experiencia participar en un taller agudo, práctico, dinámico y, sobre todo, un espacio donde los periodistas dejamos de lado el ego, exponemos nuestro trabajo, nos dicen cosas que a veces no queremos oír y aprendemos.

 [ ANA PAULA TOVAR - FREELANCE - MÉXICO ]

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Tu texto ingresa a KYD con un cuadro de metábasis sin climax, en estado de catacresis, al borde del epanástrofe y con numerosos erotemas y antífrasis; le haces una pragmatografía, lo trituras con cuchillo jamonero y, al final, aún convaleciente, ¡qué prosopopeya! ¡Qué metáfora! Lo sorbes como si fuera un flan convertido en islote.
  
 [ CLAUDIA MUNAIZ - FREELANCE INESTABLE - ESPAÑA/MÉXICO ]

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¿Qué me dio KYD? Una malsana obsesión por la estructura Fonseca, al grado de que he intentado aplicarla a mi vida, pero no resulta tan sencillo como en papel. 
¿Recomendaría KYD? Sí, a cualquiera que se tome en serio esto de la escritura y que no le tema a la sangre (porque los textos no sangran, pero los autores sí). 
¿Sale uno vivo de allí? Depende, ¿entró uno vivo allí? Yo aún tengo mis dudas.
¿Se volvieron místicos? Me uní al culto de los drafts por etapa, pegué una estructura fonsequiana en mi pared (hay foto), aprendí de mi proceso. Salí con muchas ganas de escribir y me entristecí un poco por no haber encontrado KYD antes. Es decir: en cuanto junte dinero, me meto a la que sigue. 

 [ ANALÍA FERREYRA - FREELANCE - MÉXICO ]

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En las oficinas del Ministerio Público, Gerardo Ruiz, el despiadado asesino de una darling, confesó sin remordimiento: "Sí, lo volvería a hacer. Soy el Mark David Chapman de la crónica, el Mataviejitas de SoHo México". 

 [ GERARDO RUIZ - SOHO - MÉXICO ]
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Al igual que Tom Hanks en Náufrago, me sentía atorado en un estilo que no me gustaba ni me motivaba creativamente. Mi Wilson, en este caso, era el diarismo. KYD cambió mi perspectiva periodística gracias a la mezcla de paciencia, conocimientos y humor ácido e ingenioso de Diego.

 [ ALDO HERNÁNDEZ SALDAÑA - LA JORNADA - MÉXICO ]

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Escribir es escuchar. Escribir es observar.
Escribir es estar dispuesta a tirarse a matar con método, no como una imbécil.
Todo eso lo aprendí en Kill Your Darlings. 

Y ahora sufro más que antes y sigo llorando, como una plañidera profesional, pero con causa. 

Después de KYD, el ego queda en pedazos. Entonces se comprende que la técnica puede crecer. Expansiva, incómoda, poderosa. 

 [ AMA DELIA MURILLO - COLUMNISTA, SINEMBARGOMX - MÉXICO ]

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Si tuviera que elegir un guía para atravesar el Reino de los Muertos, ese podría ser Diego Fonseca. Él encarna la figura del editor que, como Virgilio que acompaña al poeta Dante, muestra el camino para evitar que los autores se empantanen entre sombras. En KYD, Fonseca mata al autor en automático, a los vicios y fórmulas gastadas. 
Fonseca con sus partners in crime buscan dar con lo trascendental que, más allá de la anécdota, otorgue un carácter revelador y universal a cada historia. Nada queda intacto. Ni siquiera hay garantía de que los más caros personajes salgan vivos. La consigna es pensar-editar-matar hasta encontrar el germen de una promesa: un texto en gestación. 
Así me dejó KYD: con el sentir y el pensar en carne viva. Con el reto de emprender un nuevo viaje al Infierno, donde haciendo hablar a los muertos pueda volver al papel con una historia viva. Si Kill Your Darlings vuelve a Quito, no dudaría en volver a pasar una temporada en esas llamas.

 [ CRISTINA ARBOLEDA - FREELANCE - ECUADOR ]

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KYD es catártico: te brotan vicios y prejuicios que, en mi caso, ni sabía que tenía. Una vez afuera, los transformas. 

Quien tenga la fortuna de pasar por el ojo de Fonseca podrá moldear su visión de la escritura y el periodismo, llevarla a un concepto más libre y no por eso menos riguroso. 


Fue una experiencia dinámica, en varias ocasiones dura, llena de aprendizaje. El método de Diego hace que aprendas rápido y de manera sencilla, es ordenado y busca siempre ayudar con cada texto, pero no por eso creas que esto será una caminata por el parque.

 [ VALENTE VILLAMIL - PERIODISTA - MÉXICO ]

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KYD es un revolver disparando al ego. Un espacio donde te puedes llenar de referentes, de críticas constructivas, además de liberarte de la narración con serigrafía que desborda adjetivos elegantes dedicados a distorsionar la realidad.

 [ KRISTEL FREYRE - REPORTERA - ECUADOR ]
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Llegas con tu mejor texto. O eso crees. Aterrizas pensando que encontrarás la solución a esa parte atorada e insulsa. Empiezas a escuchar a otros 'asesinos' y en cada historia ajena o sus comentarios encuentras algo que no esperabas y que encaja en tu rompecabezas. Y empiezas a volar. De tu historia a la de otros, de las ajenas a la tuya. La mente a cien. La frustración también. Hacer todo lo posible "dadas las circunstancias" no siempre es suficiente".

¡Aggggg! La clínica acaba. Sabe a poco. Tu cabeza sigue en estado de shock varios días. Reescribes como loco. Quieres más. Te has vuelto adicto a KYD pero tendrás que dosificar la droga. 

 [ MARÍA VERZA - REPORTERA - ESPAÑA ]

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Asistir a las sangrientas sesiones con Fonseca asemeja a llegar a la agencia de Lamborghini y pedir un test drive del Murciélago: bastan los primeros acelerones para volver a sentir la explosión de adrenalina por correr como un verdadero profesional, sin pensar en límites de velocidad ni amabilidades con el peatón, sólo avanzando a full y rompiendo los esquemas bienportados que, aceptémoslo, nos tienen muy aburridos en nuestras redacciones.

 [ URIEL RODRÍGUEZ - DIRECTOR DE LA REVISTA DEL CONSUMIDOR - MÉXICO ]
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En KYD me maté. Fue un suicidio tranquilo, porque el único que me abandonó fue mi ego. 
Llevé un texto del que estaba orgullosa, porque era el ‘mejor’ que había hecho, hasta que habló Diego.
Ahora soy consciente de que un texto no sale de la noche a la mañana, es algo que toma mucha paciencia, que hay que medir cada palabra, cada frase, cada signo de puntuación. Dejar reposar el texto y volverlo a tomar con la misma rigidez. 
A quien escuche sobre el taller, le diría que le dé una oportunidad. Las críticas que no salen de las bocas de nuestros amigos son buenas, mucho más si son de lectores especializados. No tengan miedo a Kill Your Darlings, la muerte es lenta, pero lo que queda es lo mejor.

 [ MERCY NAREA - REPORTERA - ECUADOR ]

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El curso fue como aprender un nuevo idioma. Obtienes una herramienta que antes no tenías. Un conocimiento que era muy jodido de aprender a menos que alguien que sepa te lo enseñe. Hoy, leo los textos de los autores con otra mirada y encuentro fallas y aciertos que antes no podía diagnosticar. Intento evitar los primeros y  reproducir los segundos. Es mucho más fácil ahora que sé qué está mal y por qué.


 [ SILVIA BUENDÍA - COLUMNISTA - ECUADOR ]

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Tome usted a su novio, inteligente, responsable, atento y limpio y métalo en un túnel de lavado llamado Kill Your Darlings. Lo que antes era correcto ahora es atractivo. Lo que era un escudero fiel es ahora el mismo guapo modelo, pero de proporciones nórdicas.

Quizá lo peor de este oficio es pensar que sabes algo, que llegaste a algún lado. Creer que si lees e imitas a tus cronistas de cabecera lograrás que tus textos se parezcan a los suyos. Es necesario trabajar sobre lo que uno es; tus errores más frecuentes, tus carencias, tus dudas con las estructuras y pulirlas hasta que se instalen como un software que habrá de acompañarte lo que dure este largo viaje por el folio.

Rara vez tiene uno la suerte de contar con un editor personal que durante tres días trabaje mano a mano la bisutería hasta convertirla en joyas.

[ JACOBO GARCÍA - THE ASSOCIATED PRESS - ESPAÑA/COLOMBIA ]

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Diego Fonseca propone dejar el asesinato pasional, las puñaladas a ciegas sobre el texto para matar con clase. Lo va a disfrutar. Llevo dos KYD y ninguna es igual. Diego enseña a ver historias donde usted creía que ya no había nada, a leer dramas familiares como si estuvieran escritos por Shakespeare, y también le enseña a perder-destruir, para poder escribir a nuevo. Y lo mejor: no queda evidencia, sólo duda razonable.

[ ANA MARÍA POZO - ECUADOR ]

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Es el mejor taller que he tomado. Matar es un verbo escarlata y a Fonseca le gusta, pero no es sádico. En KYD aprendes a matar, sí, y también el proceso por el que tu texto, Ave Fénix, se regenera y vive.

[ LIDIA SÁNCHEZ - REPORTERA - MÉXICO ]

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Kill Your Darlings es terapia de choque. Un enfrentamiento con tu historia, tus personajes, tu narrativa y hasta tus lugares comunes. KYD también es un maratón donde pensarás sin cesar y no podrás quitar luego los dedos de las teclas.

KYD es edición quirúrgica. (Y también es mezcal, asado, cerveza y pozole, o lo que se coma en tu lugar.) 

Diego es el guía que desmenuza historias, las despelleja muchas veces si es necesario, las teje si hace falta y las zurce sin dejar marca.

 [ CARMEN MURILLO - EDITORA, REVISTA EXPANSIÓN - MÉXICO ]

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Profundamente agradecida con Diego por idear una clínica de edición pura. Horas de estricta entrega a los textos, mucha acción y profundo bisturí con el mejor editor.

Kill Your Darlings es la más completa cirugía a la que he sometido una historia, a corazón abierto. El resultado es fantástico.

[ MELISSA DEL POZO - FOX NEWS ]

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Fue una maravilla. Llevé un texto que no sabía cómo cerrar, que casi-casi me daba urticaria y en dos días obramos el milagro, lo acabamos. Kill Your Darlings favorece que uno se concentre en aspectos concretos del texto, problemas de estructura, de fluidez, de coherencia. A diferencia de lo que podría ocurrirte en casa o en la mesa de la redacción, Diego ingiere tus dudas, las deglute como un rumiante y devuelve propuestas. Esa es la mejor parte: no te atascas.

[ PABLO FERRI - EX DROMÓMANOS - PREMIO ORTEGA Y GASSET ]

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Kill Your Darlings es transformadora.

La clínica de Diego Fonseca es capaz de cambiar no sólo textos sino periodistas. Diego es cirujano quirúrgico pero también exorcista: con un par de oraciones —que funcionan como padrenuestros y agua bendita— puede expulsar a los demonios de lugares comunes, verbos sin acción y construcciones erradas que nos persiguen a todos.

[ NATHALIE IRIARTE VILLAVICENCIO - BOLIVIA ]

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Pocas veces uno tiene el lujo de contar con un editor riguroso, sanguinario y buena persona. En Kill Your Darlings, Diego Fonseca se entregará a ti exhaustivamente por varios días y te hará ver que en toda esa maraña de caracteres se encuentra un gran texto.

Escribir. Leer. Escribir. Escribir. Leer. Editar. Escribir. Editar. Editar. Editar. Durante tres días, Fonseca te enseñará una mecánica y una disciplina para trabajar un texto memorable.

[ ALEJANDRA SÁNCHEZ INZUNZA - PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO 2014 - MÉXICO ]

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No sólo maté uno de los personajes de mi texto, que ocupaba la mitad del material que había escrito, sino que descubrí que otro, al que apenas había dedicado algunas pinceladas, tenía mucha más vida para contar. En Kill Your Darlings, Fonseca hizo que replanteara la mirada, que tomara decisiones, que me sumergiera de nuevo en mis notas y diera existencia a una historia después de destruirla.

[ ÁFRICA BARRALES - AGENCIA DETRÁS DE LAS NOTICIAS - MÉXICO ]

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KYD es un revolcón, un despertador, una inyección de adrenalina. Es como meterse bajo la ducha helada en medio del invierno a primera hora de la mañana tras una noche de juerga. Te golpea fuerte pero sabes que activa para el resto del día.

[ ALBERTO ARCE - THE ASSOCIATED PRESS - MÉXICO Y CENTROAMÉRICA ]

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He ido a muchos talleres «literarios» y de crónica pero siempre me han dejado la sensación de que pierdo mi tiempo. La mayoría se convierten en grandes tertulias con gente interesante, pero me quedaba un vacío en cuanto a resultados concretos para mi trabajo. Sabía que con Diego iba a ser distinto porque me había hablado de su método. Entrar a KYD con un texto concreto en las manos es importantísimo. Todo el esfuerzo se concentre en algo específico y te obliga a dedicar tiempo a tu texto con un feedback constante para trazar el camino. Es como encerrarte por dos días en un laboratorio de ideas con un editor que sabe de qué habla, un lujo en un contexto donde los editores a duras penas ayudan a titular notas y cambian puntos por comas. Me llevé enseñanzas aplicables a todo lo que escriba en adelante. Volveré a tomar KYD. Vale mucho la pena.

[ NESSA TERÁN - GKILL CITY ]

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El planeta de la edición necesita menos gente complacida con cinco párrafos desconectados y con datos duros, y más como Diego Fonseca, que se atrevan a decirte que todo lo que tienes es aburrido, y que hay que empezar de nuevo. 

[ JESSICA ZAMBRANO ALVARADO - EL TELÉGRAFO - ECUADOR ]

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La clínica se convierte en un periodo de hibernación. Estarás sentado, sólo escribiendo y pensando, escribiendo y pensando, para armar la historia que creas será la mejor, aunque sea esto sólo una vez al año.

[ ÍÑIGO ARREDONDO VERA - REPORTERO ]

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Le mostré mi texto cuando sentí que estaba listo. Leyó atentamente al principio, cada vez más rápido, más rápido. No llegó al final: lo dio vuelta y lo degolló de un solo tajo.

Cuando terminó de sangrar, lo puso delicadamente sobre la mesa. Lo abrió a lo largo y señaló sus vísceras cubiertas de grasa, sus huesos deformes, los tumores que oscurecían todo: estaba claro que debía morir. Recogí los restos en una libretita. Volví a mi lugar convencido que a KYD te invita Fonseca pero lo dirige El Gemelo Malvado.

[ OSVALDO CALDERÓN ]

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El trabajo del editor es el del escultor que da forma a la piedra: se requiere dar el golpe preciso, de lo contrario la piedra se vuelve inservible. Diego transmite amor a la palabra y a la verdad; a lo que se dice, pero también a cómo se dice. Su clínica pone a prueba el conocimiento, la capacidad y el talento —aparte de la resistencia física y mental— de cada integrante, para inaugurar un bello cementerio de las cosas más queridas, de donde germinará una nueva manera de escribir, más fulgurante y viva.

[ MARCO MENÉNDEZ - REPORTERO]

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Kill Your Darlings comienza, como promete, con la destrucción de un amor: el amor de la escritora por cada una de sus palabras. En fin, se trata de disminuir el ego. El resto de la clínica es curación—cómo hacer una narrativa, cómo encontrar los detalles y los casos que cuentan tu historia, hasta técnicas para escribir y redactar las versiones del texto. Fueron lecciones informativas, enriquecedoras y esclaracedoras y era una experiencia muy positiva. Me gustó estar sentada en un cuarto donde una docena de escritores escribían a la vez—¡solidaridad sublime en el acto solitario de escribir!

[ LUCY CONGER - PERIODISTA ]

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Ágil, metódica y sumamente productiva. Son tres palabras que apenas logran sintetizar la clínica. El interesado se ve inmerso en una dinámica disciplinada. El editor revisa el texto —enunciado a enunciado— y comparte sugerencias puntuales para cada idea. En una avanzada argumentativa y metódica, Diego brinda asistencia para cada problemática, la estructura y la forma. La experiencia sirve para delinear un hilo conductor coherente, y trascendental para cada texto. Diego es el Guardiola de decenas de periodistas que buscan reforzar la calidad de sus trabajos de manera convincente.

Apostilla:

La experiencia no sólo se resume a tres días de trabajar, en una sala, borradores, adelantos y versiones. Días antes de la clínica, Diego pide un adelanto o idea de tu texto para comenzar a compartir ideas y sugerencias sobre cómo dar claridad al trabajo a publicar. Dependiendo de la magnitud y premura de publicación del texto Diego ofrece días extras para continuar con lo elemental de texto, es decir una post-producción.    

[ RICARDO DÁVILA - SPLEEN JOURNAL - MÉXICO ]