PUBLICADO EN LOS TRABAJOS PRACTICOS.
Aquí, en el Graziano’s de Coral Gables, la carne no sabe tan bien como en las atribuladas pampas argentas. Pero acá hay real voters, gente que gana 120k, 200k o 500k con tanta velocidad como yo me manduco esta buena provoleta con orégano. Allá no.
Hoy los real ones festejan en Graziano’s de Gables. Bajito pero festejan. Y yo los miro sin entender demasiado, porque, para ser francos, no me cierran las demographics. O algo está seriamente cambiando en Estados Unidos o el efecto de esta no me quedo afuera es más que profundo.
Porque no es posible que ese gordo rubio con la papada de Jabba ni la platinada escotada que carga seis kilos el pecho sean Obama-boys. Sí los meseros, que tienen la sonrisa de saberse ganando una —una— pero tampoco los gringos del fondo, con una cara de republicanos de Tampa que tumba paredes.
Y sin embargo, todos dicen Obama esto, Obama aquello, y sonríen y festejan, y hasta levantan de vez en cuando la copa cuando alguien, desde otra mesa, como esa señora de setenta y tantos y cara de Susan Sontag, eleva la suya y dibuja una sonrisita cómplice.
Pero no Jabba y Tetanic. Así que cuando pagan, pago yo también —90 dólares vacío, entraña y una crème brulé, sin vino: redistribución del ingreso ya—, apuro a mi mujer y les sigo el paso. Y me convenzo de tener razón, porque en el paragolpes del auto que ya le trajo el valet, a medias retirada, se ven los restos azules del sticker de McCain/Palin.
El gordo me ve mirar, claro, y ni siquiera dice mu, ni hache ni nada. Nada más me saluda y dice algo como what a day, hu y yo uhum, what a day y sube al Mercedes, da una propina a chico —Obama-boy por donde lo mires— y se va quitando el techo corredizo, campante como antes.
No me cierran las demographics y de esta no me quedo afuera funcionan bien como explicaciones. También el nuevo descapotable que se estaciona, con banderitas de Estados Unidos en los retrovisores laterales y tres argentinos festejando a los bocinazos, asunto extraño aquí, en Gables, donde no hay vocinglerío y las elecciones son como trámites administrativos porque mañana hay que volver a despegar a las 6.00 AM.
Pero no estos tres, que andan de fiesta, parranda pura, como una elección sudaca. Como si en un presidente se fuera la vida, la historia y vaya a saber uno qué más. Y yo con mis malditas demographics que no me explican nada.
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Diego Fonseca